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En 1939, la familia Lacambra pudo regresar a Barcelona y recuperó la empresa que, al no dividirse la herencia, siguió funcionando bajo
la razón social de "Francisco Lacambra Lacambra". La etapa de posguerra no fue fácil: carencia de primeras materias, fallos en el sumi-
nistro energético y de combustibles, mercado intervenido oficialmente, etc. Todo esto no facilitaba la renovación industrial, que no
pudo reanudarse hasta la década de 1950-60, incluyendo la construcción de la central hidroeléctrica junto al río Ter y la de una nueva
e importante colonia para los obreros en Vinyoles, al pie de la carretera de Vic a Ripoll.
La etapa de 1959-1975 fue la de mayor desarrollo y beneficio para la empresa "Francisco Lacambra Lacambra", dirigida ya por el único
heredero varón, Francisco Lacambra Estany, ingeniero industrial, que hizo incrementar la producción de alambrón para los principales
fabricantes de conductores eléctricos de España. Después de 1976, la situación fue deteriorándose por pérdida de cuota de mercado,
aumento excesivo del endeudamiento sin correlativa inversión productiva y encarecimiento de costes directos. Además, una grave
enfermedad de Francisco Lacambra Estany, en 1980, le apartó de la dirección de la empresa, obligando a Teresa Estany y a su hija María
Josefa (que con su hermano Francisco habían devenido únicos propietarios de la firma) a encargar al bufete de abogados Castejón y
Asociados un informe sobre la situación económica de la empresa y sus posibles soluciones jurídico-mercantiles.
Tras los oportunos contactos con los directivos, clientes y acreedores, se llegó a la certeza de que la empresa se encontraba en situa-
ción de quiebra técnica y que, además, había perdido la confianza de clientes y proveedores. Se contactó con los competidores que,
presuntamente, podrían estar interesados en la adquisición de la empresa, pero el resultado de las gestiones realizadas al más alto
nivel fue negativo. Sin embargo, se llegó a la conclusión de que en el mercado había realmente un hueco para Lacambra, siempre y
cuando se pudiera vencer la lógica desconfianza de los clientes importantes a los que, además, se les debían importantes sumas.
Para lograr este objetivo, en octubre de 1980, se constituye La Farga Lacambra, SA, como entidad independiente de la empresa "Fran-
cisco Lacambra Lacambra", cuya gestión asume. Su Consejo de Administración, responsable de esta misión, lo preside Agustín Caste-
jón Roy, siendo secretario Alberto Tarifa Punyed y vocales Vicente Fisas Comella y José Oriol Guixá Arderiu. Estos dos últimos asumie-
ron, desde el primer día, el primero, la gestión estratégica jurídico-mercantil que hiciera viable el proceso, y, el segundo, el proyecto de
reestructuración industrial que hiciera posible su continuidad. De este modo, y mediante pactos concretos con los principales clientes,
pudo mantenerse en marcha la industria, trabajando en régimen de transformación, con primeras materias aportadas por los propios
clientes, que iban reduciendo su crédito en función del tonelaje aportado.
Tras largas y dificultosas gestiones, en 1984, se consigue la aprobación ministerial del Plan de reconversión, que comportaba la posi-
bilidad de reducir la plantilla, la concesión de un aval para financiar nuevas inversiones y una subvención para el achatarramiento de
la maquinaria obsoleta. Todas estas concesiones, más el aplazamiento o fraccionamiento de las deudas contraídas con la Administra-
ción Pública, estaban condicionadas para la adquisición, por parte de La Farga Lacambra, SA, de los activos industriales de "Francisco
Lacambra Lacambra" y de sus correspondientes deudas. Tras lograr un acuerdo con la familia Lacambra (Teresa Estany y María Josefa
Lacambra), se escrituró, en enero de 1985, dicha transferencia de propiedad. En ese momento, se terminó la larga trayectoria de la
familia fundadora, dando paso a un nuevo equipo profesional, que asumía la ímproba tarea de levantar de nuevo aquella empresa,
fundada en 1808, por Francisco Lacambra Pont.